El Consejo Académico de la Universidad Nacional de Colombia, reunido el 1 de noviembre de 2006, considera que lo expresado por el Señor Rector Moisés Wasserman, en su columna de opinión, publicada en el diario El Tiempo el pasado lunes 30 de 0ctubre bajo el título Lo posible y lo deseable, a más de corresponder a la posición institucional de la Universidad -en tanto él es su Representante Legal- refleja el pensamiento de todos sus miembros en cuanto a la financiación de la educación superior y la ineludible responsabilidad que le compete al Estado, máxime en un país en las condiciones de desarrollo como Colombia.
Lo posible y lo deseable
La inversión estatal en la educación superior es condición irremplazable.
Moisés Wasserman
Rector Universidad Nacional
Recientemente se publicó, como noticia, el resultado de un trabajo técnico del Centro de Investigaciones para el Desarrollo de la Universidad Nacional , que sugería la posibilidad de establecer un impuesto a los egresados de la universidad pública para financiar crecimiento y aumentar cobertura.
Sobra decir que no es la posición oficial de la Universidad Nacional. La libertad de pensamiento y de cátedra son las bases fundamentales de su accionar institucional. Me atrevo a intervenir en la discusión por dos razones. Para aportar un punto de vista diferente en la discusión. Y para llamar la atención contra el uso de argumentos de autoridad. La Universidad , en forma natural, los rechaza y debe hacerlo con más énfasis cuando se usa su nombre. Los autores del trabajo nunca lo harían, pero la noticia salió en la prensa como si la recomendación fuera un producto de la Universidad. En defensa de la misma ciencia invocada me parece necesario aclarar los límites de sus resultados.
Los resultados científicos y técnicos pueden señalar lo que es posible, pero no tienen forma para definir lo que es deseable. Esto se decide con base en reflexiones diferentes, de carácter ético y político, no científico. No tengo duda de que el trabajo estuvo bien hecho técnicamente, pero el resultado es poco sorprendente. Por supuesto, es posible aumentar la financiación a la educación con un impuesto a los egresados. Seguramente si se hubiera preguntado sobre un impuesto a la cerveza o al petróleo, la respuesta hubiera sido que también es posible.
La pregunta crítica, por tanto, no es si la medida es posible, sino si es deseable. Se puede dividir en dos. La primera es si resulta conveniente, entendiendo por conveniencia la coherencia con los planes de desarrollo nacional propuestos por el Gobierno y por la sociedad civil. Para responderla habría que usar instrumentos de análisis más complejos que los del acercamiento del trabajo, que permiten confrontar hipótesis sobre los posibles efectos colaterales de la medida. Me atrevería a adelantar como ejemplo algunas de esas posibles hipótesis:
a) Se podría inducir una migración de estudiantes de estratos 4-6 de la universidad pública a la privada lo que generaría una indeseable separación entre universidades para ricos y para pobres. El estudiante de estrato alto que paga (y así debe hacerlo) una matrícula apreciable va a tratar de evitar el compromiso adicional de un impuesto por 15 años.
b) En el estrato 3 se podría generar una migración a universidades privadas de menor calidad (más baratas).
c) El trabajo muestra, a partir de datos de la encuesta de hogares, que a los egresados les toma en promedio 15 años llegar al nivel de ingreso que sería gravable según la propuesta. Más aún, según los mismos datos, el crecimiento de los salarios durante los cinco años siguientes al inicio del cobro apenas alcanzaría para pagar el impuesto.
La segunda pregunta es más difícil: si la medida es buena en el sentido ético de la palabra. El editorial de EL TIEMPO del pasado 15 dice que sería "iluso" pensar que dineros adicionales para educación pudieran venir de aportes del tesoro. No puede uno dejar de preguntarse por qué no es iluso un impuesto para la guerra o para salvar a las instituciones financieras y sí lo es un acto igualmente decisivo para la educación superior. Una universidad de muy alto nivel académico, a la que puedan acceder los jóvenes de bajos recursos, no es un privilegio, sino apenas una medida que parcialmente compensa una inequidad inicial.
La inversión del país en educación superior y en ciencia y tecnología está muy lejos de los estándares mínimos internacionales que asegurarían la entrada en una dinámica irreversible de desarrollo. Ejemplos de países que fueron exitosos en entrar a esa dinámica muestran que la inversión permanente y generosa del Estado en la educación superior es la primera, la más importante y, posiblemente, la única condición irremplazable.
Publicado en el periódico El Tiempo 30 de Octubre de 2006
(Original firmado por)
JORGE ERNESTO DURÁN PINZÓN
Secretario General
Bogotá D. C., noviembre de 2006






